El camino hacia la resurrección pasa por la cruz

Carta de Mons. D. Ginés García Beltrán
Obispo de Getafe

Un año más vamos a celebrar los misterios más importantes de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Estos son días para la meditación. La Iglesia nos invita a dejar todas las ataduras externas e internas para introducirnos en el Misterio, para seguir el camino del Señor identificándonos con Él.

Durante los días de Semana Santa leemos por dos veces el relato de la pasión de Cristo. El Viernes Santo siempre lo hacemos con el evangelio de san Juan, y este año, en el Domingo de Ramos, proclamaremos el evangelio de san Lucas.

En estos días, cada palabra, cada gesto, cada mirada, incluso cada silencio, son un mensaje ante el que debemos detenernos para contemplarlo –contemplar es mirar con los ojos del corazón–, y para entrar en la historia, porque esta es la nuestra, porque cada uno de nosotros es también protagonista de la pasión del Señor.

Ante los grandes acontecimientos de la existencia humana, y este que celebramos en la Semana Santa lo es, tenemos el peligro de pasar por alto, de quedarnos en la superficie de lo que ocurrió, de juzgar desde fuera, sin entrar en el sentido más profundo de lo que acontece. Por tanto, ¿cuál es el sentido más profundo de la pasión y muerte de Jesús? Podremos responder que su entrega. La muerte de Cristo es la culminación de una vida entregada, ¿y por qué la entrega y una entrega como esta? A lo largo de la historia, muchos se han preguntado si Dios no podía habernos salvado de otro modo, sin sufrimiento, sin muerte.

La entrega de Cristo es la respuesta a la voluntad del Padre. La vida de Jesús estuvo marcada por su deseo de hacer la voluntad del Padre (cfr. Mc 14,36). La consecuencia de esta fidelidad al plan de Dios fue su muerte. Desde la encarnación en Nazaret hasta su muerte en la cruz, Jesús realiza su misión de entrega, de hacer de su existencia una existencia en favor de los demás –pro-existencia–.

¿Y podemos seguir preguntándonos, entonces, si Jesús solamente cumplía con un deber? No es así. Jesús se entrega libre y voluntariamente. No hay ninguna distinción entre la voluntad del Padre y la de Jesús. En la última cena anuncia a sus discípulos que la entrega es “por vosotros”, por amor. Nos dice san Juan que Jesús, “amando a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”, porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

En los relatos de la pasión se va revelando progresivamente que, entre el dolor humano por el escarnio, la violencia y la soledad, la fidelidad de Cristo abre el camino de sentido para lo que humanamente no lo tiene, que el dolor y la negación pueden ser camino de salvación, que lo que el mundo desecha como inútil y escandaloso es el camino que Dios ha elegido para salvar a la humanidad, que la muerte por amor es fuente de fecundidad, que nada hay que esté en el Corazón de Dios que se pierda.

En los momentos más oscuros de la pasión hay ya anuncio de resurrección, y donde el pecado se había aposentado se abre la aurora de la salvación. Traigo un ejemplo precioso en la figura del buen ladrón, crucificado al lado de Jesús, condenado según justicia, que pide misericordia y alcanza la salvación como pura gracia que brota del costado abierto de Jesús. San Juan Crisóstomo ha contemplado esta escena y nos dice con gran belleza: “Por favor, no subestimemos a este ladrón y no tengamos vergüenza de tomar como maestro a aquel a quien el Señor no tuvo vergüenza de introducir, delante de todos, en el paraíso; no tengamos vergüenza de tomar como maestro a aquel que, ante toda la creación, fue considerado digno de la convivencia y la felicidad celestial. Pero reflexionemos atentamente, sobre todo, para que podamos percibir el poder de la cruz” (san Juan Crisóstomo, De cruce et latrone, I 2s: PG 49,401ss).

Nosotros hemos experimentado ese amor y podemos alegrarnos en la Resurrección del Señor que nos abre a la esperanza de una herencia eterna.

Os invito a vivir estos días con profundidad y alegría, y os felicito ya la Pascua de Resurrección.

✠ Ginés García Beltrán
Obispo de Getafe

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