Acto de nombramiento como Hijo Predilecto de Valladolid

Intervención del cardenal D. Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid

Valladolid, 7 de mayo de 2022

Señor Alcalde y Corporación municipal, autoridades, amigos y conciudadanos: A todos saludo con respeto y afecto; manifiesto mi gratitud por vuestra presencia y felicitación.

El Excmo. Ayuntamiento de nuestra ciudad adoptó el día 11 de enero último el acuerdo de nombrarme “Hijo Predilecto de Valladolid”. Recibí la noticia con una sorpresa tan grata como inesperada. Al tiempo que expreso mi honda gratitud, quiero manifestar que me siento muy honrado. Este nombramiento me une más entrañablemente a mi querida ciudad de Valladolid. La designación toca fibras muy sensibles de mi espíritu.

Considero la ciudad de Valladolid también mí ciudad por un título nuevo. En adelante mi relación con Valladolid no es sólo de Arzobispo, a quien el Papa encomendó este ministerio pastoral hace doce años, que yo he deseado cumplir con solicitud apostólica, sino también de conciudadano en virtud de la designación de “Hijo Predilecto”. Me recibís como hijo en la ciudad y yo me uno cordialmente a vuestra familia en relación recíproca. Por este motivo podemos llamar “nuestro” a lo que la historia nos ha transmitido; miramos el futuro con la misma esperanza e idéntico empeño. La Semana Santa es “nuestra” con pertenencia singular; esta plaza de Portugalete es “nuestra” por un título peculiar. De cara al futuro compartimos tareas, esperanzas e inquietudes como encomendadas a nuestra ciudad.

En el breve, vigoroso y encantador libro de Rut del Antiguo Testamento, podemos leer una conversación entre Noemí ya viuda, sola y sin sus hijos, y una de sus nueras, también joven viuda, la Rut moabita. Noemí con su marido Elimélec y sus dos hijos salieron de su tierra a causa de una hambruna y se refugiaron en el territorio de Moab, al este del Mar Muerto, en tiempos de los jueces de Israel. Muerto su marido e hijos, Noemí decidió volver a su tierra, Belén de Judá, con su familia y a su pueblo. Las nueras podrían rehacer su vida en el país de Moab. Ante la insistencia de Noemí Rut contestó: “No porfíes en que te abandone y me separe de ti, porque a donde tú vayas iré yo, donde tú vivas, viviré yo. Tu pueblo será mi pueblo. Donde tú mueras moriré yo y allí seré enterrada” (Rut, 1, 16-17). Rut y su nuevo esposo Booz entran en la genealogía de Jesús (Mt. 1, 5). Con la distinción de “Hijo Predilecto” me he sentido dignificado; me siento vinculado a Valladolid con un lazo permanente. He sido obispo para vosotros y soy vallisoletano con vosotros. ¡Muchas gracias! En la catedral, donde he presidido la Eucaristía como Arzobispo, deseo ser enterrado para sellar de esta manera mi doble pertenencia, Arzobispo de Valladolid y ciudadano con vosotros. Al vínculo eclesial como Arzobispo de esta Archidiócesis, que exige dedicación constante y solicitud sacrificada, se une el afecto de la ciudadanía compartida. He querido ser obispo para vosotros, también cristiano con vosotros y ciudadano con todos.

        Reconozco abiertamente que me he sentido a lo largo de los 12 años transcurridos en la Diócesis, respetado y estimado por el Ayuntamiento de la ciudad. No puedo olvidar, pues está en el recuerdo del corazón, cómo cuando recibí el Palio metropolitano de manos del Papa Benedicto XVI, el 29 de junio de 2010, me acompañó una representación del Ayuntamiento presidida por el Sr. Alcalde; y lo mismo aconteció cuando el 14 de febrero de 2015 recibí el Capelo cardenalicio del Papa Francisco. Recuerdo estos hechos como eco de la viva gratitud que siempre he mantenido. Agradezco la compañía, el afecto y el apoyo entonces y siempre mostrados por el Ayuntamiento y recibidos con gratitud por mí. Me resultó muy elocuente el que se sintiera la Diócesis honrada cuando fui creado cardenal; nuestras vidas se tejían con hilos resistentes para formar un tapiz. Experimento personalmente que el gozo compartido se acrecienta.

        La Presentación de la Semana Santa en Roma, que tuvo lugar a finales del mes de noviembre del año pasado, es inolvidable y me alegro de la impresión eclesial, social y cultural que provocó. El acto solemne en la Embajada de España ante la Santa Sede, en que intervinimos el Señor Alcalde y un servidor de Ustedes; y al día siguiente el encuentro con el Papa al terminar la audiencia, a todos nos impactaron. Haber podido contribuir en esa ocasión singular a la irradiación fuera de España de nuestra Semana Santa fue para mí motivo de honda satisfacción. Tengo presentes a cuantos colaboraron en la preparación y desarrollo de esta extraordinaria visita.

        En los años en que amplié estudios fuera de España, sobre todo en Roma y Munich, durante el verano me trasladaba a Alemania para colaborar en una parroquia y profundizar en el conocimiento de la lengua. Era entonces frecuente entre los estudiantes comprar en la Renfe un kilométrico, el mío era de cinco mil, que con las debidas condiciones gastábamos a lo largo del año. Con este billete podíamos viajar por varios países. Al terminar la estancia en Alemania, a finales de agosto o principios de septiembre, volvía a mi pueblo para pasar unos días de vacaciones. Pues bien, recuerdo que en un viaje de retorno, me bajé en la estación de Valladolid y comí en un restaurante de la Acera de Recoletos. Respirar el aire, disfrutar de la luz que por las brumas en otros lugares no conocen, contemplar las fachadas de las casas y las calles de una ciudad castellana, cumplieron mi deseo. Tenía tanta añoranza de ver y pisar tierra de Castilla, que solo paseando por el Campo Grande y calles adyacentes se satisfizo mi querencia y proseguí el viaje hasta Ávila.

Recordé esta parada en Valladolid el día de la beatificación del padre Bernardo de Hoyos, que tuvo lugar el 18 de abril de 2010, al día siguiente del comienzo de mi ministerio episcopal en la Archidiócesis. ¡Qué perspectiva ofrecía el Paseo de Recoletos desde el lugar donde estaba colocado el altar hasta la Plaza de Zorrilla con su fuente! Aunque la imaginación es creadora y no se le pueden cortar las alas nunca atisbó en sus sueños lo que me cupo en suerte varios decenios más tarde. Con el paso del tiempo podemos percibir que la Providencia de Dios guía nuestra vida con coherencia y con sentido.

        La concesión y entrega del título “Hijo Predilecto de Valladolid” que hoy recibo abre otra perspectiva, que me proporciona un motivo añadido de gratitud. El Alcalde del Ayuntamiento de Valladolid otorga esta distinción al Arzobispo de la Diócesis; se unen el gobierno de la ciudad con la misión cristiana que me encomendó el Papa. El ministerio pastoral es un servicio a la ciudadanía. Al bien común contribuye también la celebración y predicación de la fe cristiana con la repercusión en la convivencia de los ciudadanos, en la educación, en el cuidado de los necesitados. La atención de los pobres está en el corazón del Evangelio. Los cristianos no debemos claudicar ante la alternativa Dios o el hombre, y menos ceder a  la contraposición Dios contra el hombre o el hombre contra Dios. El Señor en el Evangelio nos ha enseñado a unir el amor a Dios y el amor al prójimo (cf. Mc. 12, 28-34). Son precisos el pan que simboliza el alimento de nuestro cuerpo, y el pan que nutre nuestro espíritu. Por este motivo, de manera señera, nuestra Semana Santa une admirablemente la fe y la piedad popular, la idiosincrasia del pueblo fraguada poco a poco en la historia, la música y el rostro impresionante de las imágenes, el silencio y la mirada, la ejercitación de la fe y la llamada respetuosa a cada persona, la religiosidad genuina y la justicia social (cf. Sant. 1, 26-27). Me alegro de que este título manifieste también la estima por la presencia de lo religioso en la ciudad y el reconocimiento que ofrece a los ciudadanos; lo valoro como signo de aprecio de la Administración por la contribución de la Iglesia al bien común. La fe cristiana es libre, pero no es irrelevante; a nadie se le puede imponer, pero su beneficio es perceptible cuando se despliega auténticamente en las personas y en su convivencia.

Señor Alcalde, Corporación municipal, autoridades y amigos, reitero mi gratitud y ratifico mi vinculación como ciudadano Valladolid. Se unen en mí la gratitud y el gozo por esta designación que me alegra, honra y dignifica.

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