Un mes para la Virgen

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 8 de mayo de 2022

Queridos fieles:

El mes de mayo está dedicado a nuestra Madre María. Rendimos homenaje a la Virgen en medio de la Pascua, cuando estamos celebrando la Resurrección de su Hijo.

Esta tradición viene del siglo XVII y, además de coincidir, como decimos, con la Pascua, lo hace con el arranque de la primavera, el triunfo de la vida, asociado a la Madre de la Vida, que es Jesús.

Este mes es un buen momento para abundar en todas las devociones a la Virgen, empezando por la más importante y asentada en la Iglesia, el rezo del Santo Rosario. También podemos meditar los cuatro dogmas acerca de nuestra Madre del cielo: la Inmaculada Concepción, su maternidad divina, su perpetua virginidad y su asunción al cielo.

Junto a la tradición del pueblo de Dios, concretada en las devociones, y esos cuatro dogmas, podemos acercarnos a nuestra Madre a través de las escrituras, leyendo y meditando pasajes en los que desarrolla un papel destacado como la Anunciación (Lc 1, 26-38), la Visita a su prima Isabel (Lucas 1, 39-56), el Nacimiento de Cristo (Lc 2, 1-20), la Presentación del Niño Jesús en el templo (Lc 2, 22-40), el Niño Jesús perdido y hallado en el templo (Lc 2, 41-52), las Bodas de Caná (Jn 2, 1-11) o su presencia al pie de la Cruz (Jn 19, 25-27).

Los actos de veneración a la Virgen no son exclusivos de los templos ni deben desarrollarse solamente en el interior de la persona. El hogar es un ámbito muy apropiado para que los niños, junto con sus padres, aprendan a amar a la Santísima Virgen. Muchas devociones, como el propio Rosario, íntegro o una parte, se pueden rezar en familia. Al mismo tiempo también se puede colocar una imagen de Nuestra Señora en un lugar destacado de la casa, dando muestras visibles de que ocupa un lugar importante en la vida familiar.

María es un camino seguro a Dios, quien se pone en sus manos termina en las manos de su Hijo. San Pío de Pieltrechina certificaba esta realidad profunda con mucha simpatía: “Cuando se pasa ante una imagen de la Virgen hay que decir: Te saludo, María. Saluda a Jesús de mi parte”.

Todos los santos han sido grandes devotos suyos. Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, señalaba que “gran cosa es lo que agrada a Nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre”. San Juan María Vianney (Cura de Ars) llegó a decir que “si yo no tuviera a la Madre de Dios que me defiende a cada paso de los peligros del alma, ya habría caído el poder de Satanás”, algo que corroboraba san Juan Bosco cuando afirmaba que “la devoción y el amor a María Santísima es una gran protección y un arma poderosa contra las asechanzas del demonio”.

No nos olvidemos durante este mes de nuestra Madre, ella no se olvidará de nosotros ahora ni algún día, cuando estemos delante de su Hijo.

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✠ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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