Una vocación de liderazgo empresarial cristiano

Carta de Mons. D. Joseba Segura Etxezarraga
Obispo de Bilbao

Necesitamos líderes cristianos en el ámbito empresarial. «Vocación» es una palabra que se usa con más frecuencia en el lenguaje religioso y menos, aunque también, en la vida. En la visión cristiana este término refleja la vinculación del don de la existencia con un propósito divino. Por otra parte, la vocación empresarial es un genuino llamamiento humano y cristiano a colaborar en esa tarea de mejora y enriquecimiento de la vida social desde una posición de considerable responsabilidad. El Papa Francisco la denomina «una noble vocación siempre y cuando quienes se comprometen con ella se sientan retados por un sentido mayor de la vida; esto les permitirá servir verdaderamente al bien común mediante el esfuerzo en aumentar los bienes de este mundo y en hacerlos más accesibles a todos».

Las numerosas presiones que deben afrontar los líderes empresariales pueden hacer que olviden la llamada del Evangelio a entender su actividad profesional en clave vocacional al servicio de un bien mayor. Pero se puede liderar con espíritu de servicio y construyendo una comunidad de trabajo, o se puede liderar con espíritu déspota y autoritario. Se puede liderar cuidando el entorno humano, las relaciones y la atención a las personas, o mirando exclusivamente la cuenta de resultados a corto plazo. Se puede liderar atendiendo a los potenciales impactos negativos de la actividad empresarial en el medio ambiente, o actuando sin ninguna consideración hacia esos efectos para que no se vea afectada la cuenta de resultados.

Construir una organización productiva inspirada en los principios éticos cristianos es el modo primordial en el que las personas empresarias pueden participar en el desarrollo y mejora de la comunidad humana. La gente pasa mucho tiempo en su puesto de trabajo y las mejoras en la actividad laboral tienen un gran impacto en el bienestar personal y social de las personas.

En el Evangelio, Jesús nos dice: «Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más» (Lc 12, 48). Las personas empresarias han recibido grandes recursos y, por eso, el Señor les pide que hagan grandes cosas.

La empresa, cada vez más importante para la vida

La empresa es una institución cada vez más importante en la vida, no solo económica, sino también para la persona y la sociedad. Cierto que la diversidad de empresas es infinita: están los «fondos buitre» y está la floristería familiar de mi barrio. Por ello, no resulta fácil reflexionar sobre «la empresa» en general. Y, sin embargo, es posible hacer algunas consideraciones relevantes aplicables a muchas de ellas. Por ejemplo, podemos afirmar que cuando una empresa funciona bien, cuidando de las personas y grupos implicados en su actividad, y desarrollando su actividad en un marco regulador sensato y efectivo, esa empresa realiza una contribución esencial al bienestar social y al bien común. Por eso, la reflexión sobre la empresa no es algo periférico o secundario en la propuesta social cristiana.

El Papa Francisco, en continuidad con sus predecesores, ha insistido en la visión personalista, social y comunitaria de la empresa: «Las empresas no deben existir para ganar dinero, aunque el dinero sirva para medir su funcionamiento. Las empresas existen para servir», decía a la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresa (UNIAPAC, 17/11/2016).

Concretando los sueños en nuevas experiencias

En una perspectiva global, se han destacado sus críticas a un modelo económico «mata» porque genera exclusión, profunda desigualdad y hace que a millones de personas «redundantes», negándose de hecho su valor humano. Ha denunciado con fuerza la cultura del descarte (Evangelli Gaudium, 2013; EG, 53) y la idolatría del dinero (EG, 55-56). En este aspecto su voz actualiza la de los profetas y otros Papas anteriores. Pero a Francisco no le gusta lo que denomina «habríaqueísmo» (EG, 96), es decir, las denuncias incapaces de concretarse en propuestas prácticas de mejora. Por eso, aterrizar es muy importante. Siempre es bueno equilibrar las críticas con propuestas factibles que ayuden a cambiar las cosas. Francisco confía en que la cultura empresarial se transforme, pero el reto es grande. Según nos dice, ya «no basta conciliar en un término medio el cuidado de la naturaleza con la renta financiera, o la preservación del ambiente con el progreso». Se trata de «redefinir el progreso» (Laudato Sí,194) y el mismo sentido de la economía. Se trata de concebir y medir el desarrollo tecnológico y económico como la capacidad de «crear un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior». En ese marco, la contribución de la empresa es crítica y sin su transformación poco podrá realizarse (LS, 129).

Además, reconoce el aporte de los Movimientos Populares que demandan tierra para aquellos a quienes se la han arrebatado, agricultura sostenible y promoción de alternativas económicas que sustenten legítimas aspiraciones de los trabajadores humildes a ingresos dignos. Las múltiples experiencias productivas y de consumo promovidas por multitud de personas en barrios y ambientes campesinos reflejan un clamor popular, movido por una profunda creatividad que busca desarrollar una economía a escala humana en espíritu de encuentro y colaboración. Por otro lado, el Papa convoca en el Consejo para un Capitalismo inclusivo a altos ejecutivos de una treintena de empresas con más de 2.000 millones de dólares de capitalización que emplean a 200 millones de trabajadores de 163 países.

La iniciativa obedece a «la urgencia de unir los imperativos morales y del mercado para transformar el capitalismo en una fuerza poderosa para el bien de la humanidad». Porque el sistema económico existente, además de demostrar su capacidad para generar una enorme prosperidad global, «ha dejado atrás a demasiadas personas» y «ha llevado a la degradación de nuestro planeta». Además, bajo el epígrafe Economía de Francisco, se está incentivando un movimiento cuyo objetivo es promover entre los jóvenes un nuevo tipo de liderazgo empresarial que se convierta en semillero de experiencias empresariales capaces de reflejar una economía más justa, inclusiva y sostenible. La propuesta es «hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana».

Dos claves para una nueva empresa

Con todo, la perspectiva más novedosa del Papa Francisco para la empresa ha sido la incorporación del horizonte de la ecología integral a la reflexión social de la Iglesia, con su exigencia espiritual y moral de desarrollar una economía sostenible, lo que la encíclica Laudato Sí (LS, 2015) describe como «el cuidado de la Casa Común».

También esta encíclica interpela a las empresas, estimando que, respecto al cuidado del medio ambiente, «la política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales» (LS, 165).

La crítica subraya tres problemas. En primer lugar, la actitud de las empresas que, guiadas por la maximización del beneficio, no tienen en cuenta los costes medio-ambientales de la actividad productiva (LS, 190). En segundo lugar, menciona la irresponsable actuación medio-ambiental de grandes compañías en los países del Sur (LS, 51). Por último, se refiere al maquillaje verde de los balances que se adaptan en las palabras e ideas, pero se niegan a revisar «la lógica de las finanzas y de la tecnocracia» (LS, 194). El giro ecológico debe ser progresivo, pero real.

No quiero terminar sin subrayar un aspecto crítico que ya está cambiando pero necesita profundización. La Doctrina Social de la Iglesia subraya una y otra vez la necesidad de superar el esquema de confrontación capital-trabajo. La empresa puede ser un entorno clave de experiencia colaborativa. En ella es posible demostrar que es posible articular intereses diversos, representados a veces como incompatibles. Aquí es relevante la expresión «democracia económica» que Benedicto XVI utiliza en Caritas in Veritate (38). El empresario debe velar por los intereses de todos los grupos implicados y no solo por los de los inversores o gerentes. Están también los trabajadores, los clientes, los proveedores, las instituciones educativas, y los agentes sociales del entorno local.

Todos somos seres humanos. Tanto a empresarios como a trabajadores les mueven motivaciones meta-económicas: todos buscamos nuestro desarrollo personal en las diversas áreas relevantes de la vida, todos aspiramos al reconocimiento social por realizar una tarea valiosa, todos nos podemos sentir motivados por desarrollar una colaboración exitosa capaz de articular intereses diversos. En el ámbito de la empresa esto supone trabajar, entre otras muchas cosas, la transparencia en la información y el fortalecimiento progresivo de la confianza mutua. Esta solo puede crecer en un lento proceso de comunicación que resulte en logros compartidos progresivos.

Hay mucho que mejorar en nuestra cultura empresarial. Y en ese camino que ya está abierto y progresando, el aporte del empresariado cristiano es muy necesario.

✠ Joseba Segura Etxezarraga
Obispo de Bilbao

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