¡Enhorabuena!

Carta del cardenal D. Ricardo Blázquez Pérez
Administrador apostólico de Valladolid

Julio 2022

El día 17 del pasado mes de junio se hizo público simultáneamente en Roma y Valladolid el nombramiento del Sr. Obispo auxiliar D. Luis Argüello como Arzobispo de Valladolid. Fue una buena noticia por muchos motivos; y nos alegramos profundamente por la decisión del Papa Francisco. Recibimos la designación con gratitud al Señor y con disponibilidad eclesial. También podemos hacer nuestra la aclamación bíblica: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

¡Enhorabuena a la Archidiócesis de Valladolid! Desde hace bastante tiempo esperábamos un nuevo Pastor. Como en varias ocasiones he dicho, recuerdo también hoy: Agradezco al Papa Benedicto XVI su nombramiento en 2010 para ser arzobispo de Valladolid; una vez cumplida la edad reglamentaria de los 75 años presenté la renuncia por escrito a la Santa Sede cuya respuesta fue que continuara hasta que “se provea de otra manera”; unos años más tarde por segunda vez me dijeron lo mismo adelantando ya que aceptaba la renuncia sin indicar ni aproximadamente una fecha. Si no hubiera tenido buena salud, gracias a Dios, habría solicitado la pronta aceptación aceptación, pero no insistí pues eran conocidas tanto mi edad como la actitud personal. Hasta el final del tiempo decidido por el Papa he presidido la Diócesis, cumpliendo lo que me exigía el ejercicio ministerial. Hoy me alegro porque me ha sido aceptada la renuncia y porque el sucesor sea el Obispo auxiliar.

Poco tiempo después de ser nombrado Obispo auxiliar de Valladolid, hace seis años, fue elegido D. Luis, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española que de ordinario lleva consigo la portavocía de la misma. Todos hemos constatado el buen estar y hacer de D. Luis en medio de las dificultades actuales y de los trabajos inherentes al cargo confiado. Probablemente le ha ayudado su conocimiento de Derecho Civil para moverse con mayor soltura y autoridad en el cargo de Secretario General. Estoy convencido de que hubiera continuado con la común satisfacción hasta terminar su mandato e incluso habría sido reelegido como secretario; pero las tareas en la Iglesia son tantas y las condiciones requeridas son también compartidas por otras personas. Me alegro de que pueda dedicarse en totalidad al ministerio episcopal en nuestra Diócesis. La sinodalidad en la Iglesia es también comunión de servicios, carismas y ministerios (cf. 1 Ped. 4, 10) para la misión confiada por Jesucristo.

¡Enhorabuena a la Diócesis vallisoletana y enhorabuena a D. Luis! Yo participo cordialmente en el gozo de la Diócesis, por el nuevo Arzobispo. La continuidad como Arzobispo de quien hasta ahora ha sido Obispo auxiliar es un motivo añadido a mi vinculación con la Diócesis y los vallisoletanos. El conocimiento de su historia le facilitará la nueva responsabilidad.

En cuanto Arzobispo será Metropolitano de la Provincia Eclesiástica de Valladolid, que comprende las Diócesis de Zamora, Ciudad Rodrigo, Salamanca, Ávila y Segovia. El año 1886 fue declarada Santa Teresa de Jesús patrona de la Provincia Eclesiástica, ya que por diversos motivos estas Diócesis especialmente relacionadas con la Santa, sobre todo por las fundaciones de la Reforma del Carmelo iniciada en Ávila y continuada en Medina del Campo, Valladolid, Palencia, Salamanca, Segovia. Aunque yo viva en Ávila, continúo perteneciendo a la Diócesis de Valladolid, como Arzobispo emérito. Santa Teresa de Jesús nos ampara a todos. ¡Estamos en buenas manos! Particularmente Valladolid y Ávila tienen lazos hasta familiares con la Santa, ya que su madre había nacido en Olmedo.

Yo residiré en la casa sacerdotal donde compartiré la convivencia, la mesa de la Eucaristía y de la fraternidad con algunos compañeros de Seminario.

Las Diócesis indicadas y, además, la Archidiócesis de Burgos y sus sufragáneas Osma-Soria y Palencia forman la llamada “Iglesia en Castilla” que tiene una historia larga y fecunda. D. Luis desde el pontificado del recordado y querido D. José Delicado, ha participado y trabajado en Iglesia en Castilla. Aquí se gestó y tuvo lugar la primera exposición de las Edades del Hombre el año 1988 en nuestra catedral. Fue una iniciativa que ha tenido una continuidad excelente hasta hoy. Su experiencia y conocimiento de la trayectoria, con sus proyectos y relaciones, hallarán en el nuevo Arzobispo un animador eficaz. Por este motivo nos felicitamos también con su nombramiento. Y pedimos al Señor que por intercesión de Santa Teresa le concede la realización de su deseo más hondo: Ser un buen pastor siguiendo las huellas de Jesucristo “pastor y obispo de nuestras almas” (1 Ped. 2, 25).

El trabajo fraterniza. Compartir la misión encomendada por el Señor, participando en el mismo servicio, carisma y ministerio es una dimensión de la sinodalidad, sobre la base de la iniciación cristiana. Fraternidad, sinodalidad, vida y comunión, misión compartida en la Iglesia caracterizan la condición del cristiano. Por definición es hijo de Dios, hermano en el Señor, miembro de la Iglesia familia de la fe y colaborador en los trabajos por el Evangelio (1 Cor. 12, 4-7). Aunque hay diversas causas que unen fraternalmente, el trabajo compartido profundiza la fraternidad. Tengo la experiencia personal de que en mi pueblo no sólo me consideran paisano, hijos del mismo pueblo; además se acrecienta la fraternidad cuando se han compartido con los otros paisanos los mismos trabajos y las mismas indigencias. Haber trabajado con otros y como otros fortalece la fraternidad y la común pertenencia.

El paso de presbítero a obispo, en virtud de la ordenación sacramental, introduce en una fraternidad ministerial diferente. Po eso, la relación del obispo diocesano con el obispo auxiliar no es la misma que con los demás presbíteros. La forma de relación y las responsabilidades pastorales compartidas como obispos es ya diferente. Todos somos hermanos por el bautismo que es la fraternidad cristiana básica; y los diversos ministerios y carismas fundan otros niveles de fraternidad en el Señor.

En este sentido quiero subrayar hoy que el Obispo diocesano y el Obispo auxiliar hemos trabajado compartiendo las tareas, los gozos y las inquietudes del ministerio episcopal, manteniendo cada uno la misión específica recibida. Lo fundamental es ser hermanos en el episcopado y la diversidad de responsabilidad en las tareas concretas a ambos edifica y a nadie debe humillar. Me alegro de los años que hemos compartido en el presbiterio diocesano el trabajo D. Luis y yo, no sólo cuando fue Rector del Seminario y Vicario General sino también como Obispo auxiliar. La fraternidad ministerial hace hermanos en el episcopado, no fomenta rivalidades ni confusiones, no es prepotente ni humilla.

Reitero la felicitación expresada al principio: ¡Enhorabuena a la Diócesis y enhorabuena a su nuevo Arzobispo!

Cardenal Ricardo Blázquez Pérez
Administrador apostólico de Valladolid

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