Carta a los obispos del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana

Al Venerado hermano
Su Beatitud Arzobispo mayor de Kyiv-Halyć
Sviatoslav Shevchuk

¡Alabado sea Jesucristo!

Beatitud,
Queridos hermanos obispos de la Iglesia greco-católica ucraniana,

os saludo cordialmente a todos vosotros, reunidos en Sínodo en Przemyśl, del 7 al 15 de julio. Este Sínodo, según el proyecto previo, se tendría que haber celebrado en Kiev, pero la dramática situación de la guerra, ya en su quinto mes, no lo ha permitido.

Recientemente, el 27 de junio, la Iglesia greco-católica ucraniana ha celebrado la memoria litúrgica de los beatos mártires, beatificados por San Juan Pablo II en Leópolis durante su visita a Ucrania en 2001. Pero es en este momento que comprendemos mejor las circunstancias en las que vivieron y murieron estos mártires, entre los cuales había obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos caídos víctimas del régimen soviético comunista. Hoy estos protegen desde el cielo su Pueblo que sufre: a su protección encomiendo a todos los miembros del Sínodo.

Queridos hermanos obispos, me uno espiritualmente a vuestro sufrimiento, asegurando mi oración y mi compromiso, que no pocas veces, a causa de la delicada situación, no emergen en los medios de comunicación.

El Sínodo de los obispos, cuyo tema es “Sinodalidad y catolicidad: la experiencia de la CGCU”, debe tener como finalidad el bien de la Iglesia y de los fieles, y ser también un lugar de encuentro y ayuda recíproca en el camino común de la vida, en la búsqueda de nuevos modos de acompañar a los fieles y de cercanía a ellos. Una vez más quisiera recordaros las palabras que dije al arzobispo mayor y a los metropolitanos en nuestro encuentro en Roma en julio del 2019:

«La cercanía de los pastores a los fieles es un canal que se construye día a día y que lleva el agua viva de la esperanza. Así se construye, encuentro tras encuentro, con los sacerdotes que conocen las preocupaciones de la gente y se interesan por ellas y los fieles que, a través del cuidado que reciben, asimilan el anuncio del Evangelio que transmiten los pastores. No lo entienden si los Pastores solamente dicen Dios; lo entienden si hacen todo lo posible por dar a Dios: dándose a sí mismos, estando cerca, testigos del Dios de la esperanza que se hizo carne para recorrer los caminos del hombre. La Iglesia es el lugar de donde se saca la esperanza, donde la puerta está siempre abierta, donde se recibe el consuelo y el estímulo» (AAS, 7 /2019/, 1126-1127).

Que el encuentro de hoy os inspire en la continuación creativa de la extraordinaria tradición de la fe de los Padres, arraigada y sostenida durante generaciones en el pueblo de Dios de vuestra nación.

Rezo para que vuestra Iglesia y vuestro Pueblo, animados por la fuerza de los Sacramentos, fijando la mirada en el Inmaculado Corazón de María, no perdáis nunca la esperanza cristiana en tiempos mejores.

A todos los miembros del Sínodo imparto mi bendición.

Roma, Letrán, 30 de junio de 2022

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