La normalidad de siempre

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 2 de octubre de 2022

Queridos fieles:

La frontera entre agosto y septiembre está caracterizada por dos palabras antagónicas pero con la misma carga de significado: fin y comienzo. Se acaba un periodo de descanso, el más extenso del año, extensísimo en el caso de los estudiantes, niños y jóvenes, y comienza todo un curso.

En los dos últimos años este arranque de curso ha sido extraño. Hemos avanzado con anormalidad o, en el mejor de los casos, con nuevas normalidades, que venían a significar normalidades cojas. Sin embargo este nuevo curso está revestido de la normalidad de siempre. Aunque cada uno tome las prevenciones que estime convenientes, ya no hay lugar para ausencias, falta de participación o destierro de compromisos.

Las celebraciones litúrgicas se desarrollan como antes de la pandemia, las catequesis comienzan a activarse lejos del dilatado listado de precauciones que nos constreñían y limitaban, las reuniones a todos los niveles se hacen necesarias para vivir plenamente la planificación dentro de nuestras comunidades parroquiales y la comunidad diocesana, incluso para vivir a fondo una fraternidad sin barreras.

La vuelta a la normalidad debe ser empujada por una firme voluntad de desterrar las anomalías que nos trajo el COVID. Debemos hacer un esfuerzo mental para deponer actitudes que, en un determinado momento, fueron necesarias para esquivar la enfermedad o el contagio.

No debemos dejar que las trabas pretéritas sirvan de excusa para la vuelta a la vida cristiana, no permitamos a que esas excepcionalidades, necesarias durante un tiempo, relajen nuestro compromiso de fe ni nos alejen de los sacramentos.

Animo a los sacerdotes y a los fieles a poner en marcha toda la actividad pastoral que caracterizó a nuestras comunidades antes de la pandemia. Demostremos que este tiempo de parón ha servido para madurar nuestra opción por el Señor, llenemos los templos, pongamos en pie las actividades formativas, las catequesis, las Escuelas de Formación Básicas, las de Agentes de Pastoral, impulsemos el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, fortalezcamos la práctica de la caridad cristiana reforzando nuestro compromiso con las Cáritas. Que la retirada de la vida pública, como si de unos prolongados ejercicios espirituales se tratara, nos impulse a salir a la calle con más fuerza que antes para vivir y anunciar que Jesús es el Señor.

Como pastor de esta Iglesia de Mérida-Badajoz os animo con la certeza de que el que nos convoca nos dará la fuerza, que el Espíritu nos empuja y que María Santísima no deja de interceder por cada uno de nosotros, con nombre y apellido. Ánimo y adelante.

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✠ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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