Sexo, amor y fecundidad

Carta del cardenal D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Domingo, 2 de octubre de 2022

La semana pasada denuncié públicamente como su Gran Canciller, en el acto académico de apertura de la curso de la Universidad Católica de Valencia, las palabras horribles de la señora Ministra de Igualdad, Dª Irene Montero, que todos recordamos y reprobamos, pero que el Gobierno parece que no reprueba, además de la terrible irresponsabilidad e insensatez supina de la Ministra y del mismo Gobierno manifiestan que tenemos al frente de la nación a personas que no piensan y no actúan responsablemente para servir al hombre y al bien común de la sociedad a la que deben servir, al menos en materia de sexualidad, de amor, de fecundidad y de vida, en los que se juega la vida del hombre, su futuro y el desarrollo del bien común. Un auténtico desastre que pretende conducir al pueblo hacia derroteros de irracionalidad, de destrucción y de muerte, donde no hay progreso humano, ni futuro, ni desarrollo, sino sólo animalidad y reducción de lo verdaderamente humano.

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Octubre, mes del Rosario

Carta de Mons. D. Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

Domingo, 2 de octubre de 2022

Desde el primer día hacemos este claro propósito: que no pase un día en este mes de octubre sin rezar el santo Rosario. El día 7 es la Virgen del Rosario, y todo el mes está dedicado a María en el rezo del Rosario. Rezarlo a solas, en pareja, en grupo, en familia, como sea. Pero rezarlo todo el mes de octubre (y luego seguir)

El Rosario es una oración muy sencilla, que se centra en Jesucristo y sus misterios, que va contemplándolos desde el corazón de María, desgranando diez avemarías por cada misterio que se contempla y concluyendo con el gloria a Dios. Tiene un carácter contemplativo, repetitivo, que da paz al alma. Es como la oración de Jesús en Oriente, repetida miles de veces. El Rosario en Occidente es la repetición sin término del avemaría para entrar con ella en cada misterio de Cristo que se contempla.

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Caminamos en la fe, junto a ti. “Y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,15)

CARTA DE LOS OBISPOS DE LAS DIÓCESIS ARAGONESAS
CON MOTIVO DEL “DÍA DE LA EDUCACIÓN EN LA FE”

Queridos catequistas, profesores, animadores y acompañantes de personas, grupos y comunidades en el camino espiritual de la fe:

Hemos de recuperar el carácter luminoso de la fe. El Papa Francisco escribe: “Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso” (Lumen fidei, 1). Y también: “La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo” (Lumen fidei, 4). Y añade: “Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz” (ibíd.).

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Vivir renovando siempre el corazón

Carta del cardenal D. Carlos Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Domingo, 2 de octubre de 2022

Hay unas palabras del profeta Ezequiel a las que siempre di vueltas y que me llevaron a entrar en mí mismo: «Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (Ez 36, 25-27). ¡Qué maravillas puede hacer el Señor cuando nos abrimos a su acción! Uno se hace consciente, cada vez que medita este pasaje, de que es de nuestro interior de donde nacen nuestras acciones. De ahí la importancia que tiene tener sano el corazón, es decir, sanar lo más hondo de nuestra existencia, que en la Biblia es el corazón. Por eso es tan insistente la llamada a cambiar el corazón o, mejor, a dejar que Dios nos cambie el corazón.

En este momento de la historia de la humanidad, cuando se producen tantos conflictos y tanta gente sufre, urgen los hombres y mujeres que dejen diseñar sus vidas por Dios. Es de gran importancia que las personas dejemos que sea Dios quien cambie nuestro corazón, conscientes de que en este nacen las acciones, y nos abramos a Él. ¡Qué bueno es recordar aquellas palabras del apóstol san Pablo cuando con firmeza nos dice: «Con el corazón se cree» (cfr. Rm 10, 10)! En la Biblia aparece el corazón como el centro del hombre y es bueno tenerlo en cuenta para entendernos a nosotros mismos. Dejar que Dios toque el corazón tiene una trascendencia especial y singulariza a la persona humana.

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Ellos nos guardan

Carta del cardenal D. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Domingo, 2 de octubre de 2022

Este fin de semana en la Iglesia recordamos a los Santos Ángeles Custodios. Hacemos memoria agradecida a Dios, que nos ha dado a cada uno de nosotros un ángel protector que nos acompaña a lo largo de nuestra vida.

Quisiera compartir con vosotros un bello relato de nuestra diócesis que tiene como protagonista a un ángel. La historia tiene lugar en la ciudad de Barcelona durante la Edad Media. En aquella época, Barcelona estaba rodeada de una imponente muralla. Un día del año 1398, nuestra ciudad recibió la visita de una persona muy famosa en aquella época, el dominico san Vicente Ferrer, gran predicador y misionero.

Los cronistas explican que cuando Vicente Ferrer se acercaba a una de las puertas de acceso a la ciudad llamada Portal dels Orbs, vio a un ángel. Muy sorprendido, el dominico le preguntó al ángel qué hacía allí y este le respondió que protegía la ciudad por orden del Altísimo.

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Justicia salarial

Carta de Mons. D. José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

Domingo, 2 de octubre de 2022

El próximo 7 de octubre celebraremos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, que este año está dedicada a los trabajadores de todo el mundo que reclaman justicia salarial. Tenemos presente que el trabajo es un derecho de todos los hombres y mujeres, propio del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. En los primeros capítulos del libro del Génesis se nos muestra como el Creador al colocar al ser humano en medio del jardín del Edén para que lo labrase y cultivase (Gén 2,15) le hace un encargo propio de su dignidad. Deja en nuestras manos la labor de continuar, de perfeccionar la creación. Un hecho que se pone de manifiesto cuando el Señor decide descansar el séptimo día (Gén 2,2).

El trabajo ha de ser ejercido siempre con honradez y rectitud, evitando toda práctica ilícita o inmoral que perjudique al prójimo y ofenda a Dios Creador. La decencia debe ser ejercida en las dos direcciones, que son complementarias. De un lado el trabajador ha de ser competente y responsable en su labor, especialmente cuidadoso de realizar bien su trabajo, evitando la dejadez, tal como recomienda San Pablo en su segunda carta a los tesalonicenses (2 Tes 3,7-12). Por otra parte, el empleador ha de proceder con justicia en cuanto a las condiciones laborales, es decir, conforme a la verdad, recompensando el trabajo como corresponde y procurando que éste pueda ser desarrollado en condiciones óptimas para la salud y bienestar del trabajador. Esa doble vertiente de la decencia, tanto del trabajador como del empleador, responde al mandato divino de amar al prójimo como a uno mismo (Mt 37-39).

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Realizar el bien y soportar el mal

Carta de Mons. D. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
Administrador apostólico de San Sebastián

Domingo, 2 de octubre de 2022

Muchas veces hemos podido comprobar que intentando hacer el bien nos sobreviene una contradicción o algún momento de dificultad o sufrimiento. La reacción común es quejarnos: “Parece mentira… cómo es posible que estoy haciendo el bien y como si fuera por un maleficio me llega esta adversidad o dolor. Pues ahora me retiro y no hago más el bien”. Es una reacción equivocada y hasta nociva. Leyendo a San Agustín me hizo un gran bien, para mi espíritu y mi madurez humana, lo que él escribía:”Pensad en esos hombres que quieren vivir bien, que han determinado ya vivir bien, pero que no se hallan tan dispuestos a sufrir males como están dispuestos a obrar el bien. Sin embargo, la buena salud de un cristiano le debe llevar no sólo a realizar el bien, sino también a soportar el mal. De manera que aquellos que dan la impresión de fervor en las buenas obras, pero que no se hallan dispuestos o no son capaces de sufrir los males que se les echan encima, son en realidad débiles. Y aquellos que aman el mundo y por algún mal deseo se alejan de las buenas obras, éstos están delicados y enfermos, puesto que por obra de su misma enfermedad, y como si se hallaran sin fuerza alguna, son incapaces de ninguna obra buena” (Del Sermón sobre los pastores, 46). La madurez humana y espiritual hace posible, en los momentos favorables como en los desfavorables, tener un solo oxígeno: el amor que todo lo acepta y soporta.

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La normalidad de siempre

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 2 de octubre de 2022

Queridos fieles:

La frontera entre agosto y septiembre está caracterizada por dos palabras antagónicas pero con la misma carga de significado: fin y comienzo. Se acaba un periodo de descanso, el más extenso del año, extensísimo en el caso de los estudiantes, niños y jóvenes, y comienza todo un curso.

En los dos últimos años este arranque de curso ha sido extraño. Hemos avanzado con anormalidad o, en el mejor de los casos, con nuevas normalidades, que venían a significar normalidades cojas. Sin embargo este nuevo curso está revestido de la normalidad de siempre. Aunque cada uno tome las prevenciones que estime convenientes, ya no hay lugar para ausencias, falta de participación o destierro de compromisos.

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Encuentro del Pueblo de Dios

Carta de Mons. D. Atilano Rodríguez Martínez
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Domingo, 2 de octubre de 2022

La pandemia nos ha obligado a suspender algunas celebraciones y actividades pastorales durante los dos últimos años. Entre estas está la celebración del Encuentro del Pueblo de Dios que teníamos a comienzo del curso pastoral en el colegio diocesano “Cardenal Cisneros”, con muy buena participación de sacerdotes, consagrados y cristianos laicos de parroquias, cofradías y movimientos apostólicos.

Dando gracias a Dios por la evolución positiva de la pandemia en los últimos meses, considero que este año será posible celebrar este encuentro como expresión de comunión eclesial y como medio para la vivencia de la sinodalidad. De acuerdo con el orden del día pensado por los organizadores, está previsto terminar con la celebración de la santa misa y con la comida fraterna.

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Para dar razón de nuestra fe. Apoyar la formación de los laicos

Carta de Mons. D. Jesús Fernández González
Obispo de Astorga

Domingo, 2 de octubre de 2022

Hace décadas que la Iglesia viene insistiendo en la importancia de la formación. “La formación de los fieles laicos -decía el Papa S. Juan Pablo II- se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral de modo que todos los esfuerzos de la comunidad… concurran a este fin” (ChL 57). ¿A qué se debe esta urgencia? En primer lugar, a la realización de la vocación de cada bautizado por estar llamado a la santidad. La gracia bautismal lo impulsa a crecer y madurar permanentemente en la fe configurándose cada día más y mejor con Jesucristo, conociendo y cumpliendo como él la voluntad del Padre, bajo la guía del Espíritu Santo.

Esta urgencia viene determinada también por la necesidad de evangelización, debido a la creciente secularización de la cultura occidental. En palabras del Concilio Vaticano II: “El apostolado solamente puede conseguir su eficacia con una formación multiforme y completa. La exige no sólo el continuo progreso espiritual y doctrinal del mismo seglar, sino también las diversas circunstancias, personas y deberes a los que tiene que acomodar su actividad” (AA 28).

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