¿Optimistas o esperanzados?

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 4 de diciembre de 2022

Queridos fieles:

Hemos entrado en el tiempo litúrgico del Adviento, el tiempo de esperanza cristiana. La esperanza cristiana no es lo mismo que el optimismo. El optimismo es un estado del ánimo que nos da una perspectiva positiva del futuro, de sí mismo, del mundo que nos rodea, pero ese estado de ánimo puede cambiar o desaparecer si las circunstancias que componen nuestra vida cambian o varían. Una enfermedad, un revés económico, un fracaso, un desengaño amoroso, tantas cosas pueden dar al traste con un ánimo optimista y hacerlo desaparecer, al menos temporalmente.

La esperanza cristiana, en cambio, no se muda, no desaparece, no defrauda, porque se apoya en la fe en Dios y en el amor de Jesús por nosotros, que permanece siempre. La esperanza cristiana es un suave y dulce don de Dios, virtud sobrenatural. La esperanza se basa en la filiación divina. Y, ¿en que esperamos? Porque el mundo nos ofrece muchos bienes apetecibles para nuestros deseos y que nos proporcionan una relativa felicidad y también la esperanza cristiana se orienta a esos bienes de la tierra, pero los anhelos del cristiano van infinitamente más allá y, aunque nos fallen esos bienes apetecibles de la tierra, no por ello desaparece la esperanza cristiana que se apoya y orienta en el amor mismo de Dios y en los bienes eternos que Dios nos tiene prometidos: en gozarlo plenamente, con un gozo sin fin.

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Adviento

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 27 de noviembre de 2022

La celebración, el pasado domingo, de la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, nos avisaba del fin del año litúrgico y la llegada del Aviento, una palabra que viene del latín “ad-venio”, y quiere decir “venir, llegar”.

La Iglesia nos proporciona este tiempo especial para prepararnos a uno de los grandes momentos de nuestra fe: el nacimiento de Nuestro Señor, como nos regala la Cuaresma para prepararnos a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Así debemos afrontarlo.

Este tiempo litúrgico consta de cuatro semanas. Los dos primeros domingos nos invitan a meditar sobre la venida final del Señor, cuando llegue el fin del mundo. Por ello los evangelios de estos domingos nos animan a estar en vela, a estar preparados y a convertirnos por la cercanía del Reino de los cielos. Los otros dos se centran en el nacimiento de Jesús y su irrupción en la historia del hombre en Navidad, anunciándonos que Jesús nacerá de María, desposada con José, de la estirpe de David.

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La muerte, puerta de la vida

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 20 de noviembre de 2022

En días pasados nos referíamos en esta página de Iglesia en camino a la santidad a la que todos estamos llamados. En este domingo de Cristo Rey, antesala del tiempo de Adviento, y a punto de concluir el mes de noviembre, no quiero dejar de hacer referencia a la muerte, el paso a la vida plena. Los seres humanos estamos hechos para vivir, aunque el planteamiento del fin de nuestra existencia recorre la existencia misma. La literatura la aborda desde todas las perspectivas posibles, desde la esperanza que nace de la fe, hasta la desesperación de buena parte de los escritores y filósofos existenciales, desde el “muero porque no muero” de santa Teresa, que anhela el encuentro con el Señor, hasta La náusea de Jean-Paul Sartre, que percibe la existencia del ser humano como absurda.

La sociedad postmoderna parece haber tomado el camino de en medio, ni afrontarla con esperanza ni abatirnos por su inexorabilidad. Se trata de mantenerla al margen de nuestras vidas como si olvidarla fuese desterrarla. Por ello, para algunos, hoy día, es casi obsceno hablar de la muerte en público o en corrillos de amigos. ¿Por qué ocurre esto? Porque no le damos un sentido trascendente a la existencia. De esta manera no tiene sentido la muerte ni el dolor ni la existencia misma cuando no equivale a disfrute. Para los cristianos, la vida, toda vida y la vida de todos, tiene sentido porque es obra de Dios, regalo suyo y camino a la vida verdadera, que empieza aquí, aunque no plenamente. Por eso la muerte, el paso, da sentido a lo que vivimos en “esta mala noche en una mala posada” a decir de la santa de Ávila.

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Sois Iglesia e importantes para la Iglesia

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 6 de noviembre de 2022

Queridos fieles:

Este domingo es el Día de la Iglesia Diocesana, una jornada que, como sabéis, trata de concienciar, agradecer y potenciar el sentimiento de pertenencia a la Iglesia local en la que vivimos la fe, la celebramos y evangelizamos.

Hoy día tenemos muchas ocupaciones de todo tipo que nos distraen del servicio a nuestras parroquias, por lo que vuestra entrega es, y debe ser cada vez más, una opción de vida al servicio del Reino de Dios derivado de vuestro bautismo.

Como fieles laicos, poniendo en juego los dones recibidos de Dios, es importante que asumáis un papel destacado y activo en el desarrollo de la vida de la Iglesia. Cada uno tenéis una misión específica en la viña del Señor que es única, que se queda sin hacer si no la desempeñáis en comunión con vuestros párrocos y el resto de la comunidad parroquial. Como nos enseña la parábola de los talentos, todos y cada uno hemos recibido unos dones para ponerlos al servicio de los hermanos, en el ámbito eclesial y fuera de él, destinados a hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo. Entre esos dones no se encuentra, utilizando la expresión del papa Francisco, el de balconear, ver la vida pasar desde nuestra casa sin poner nada ni implicarnos.

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No tengamos miedo a ser santos

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 30 de octubre de 2022

Queridos fieles:

Se acerca de nuevo la solemnidad de Todos los Santos a la que sigue la conmemoración de los fieles difuntos. Es una llamada de la Iglesia, nuestra Madre, a no olvidar que nuestra meta es el cielo. En el n.11 de la constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II “Lumen Gentium” se nos recuerda que todo el Pueblo de Dios es sacerdotal, ya que Cristo, el Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha hecho del nuevo Pueblo de Dios «un reino de sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6).

Este sacerdocio se actualiza por la participación en los sacramentos de la Iglesia, como medio que el Señor nos ofrece para comunicarnos su gracia en el Espíritu Santo, y por las virtudes. El Señor nos ofrece los sacramentos -¡esos medios tan abundantes y eficaces!- para que todos los cristianos, cada uno, cada una por su propio camino, lleguemos a perfección de la santidad, cuyo modelo es nuestro Padre Dios. Hemos de dar testimonio de Cristo en todas partes y a todas horas y dar razón de nuestra esperanza en la vida eterna y en la resurrección allí, en aquella condición, en la que el Señor nos ha puesto (cf. 1Pe 3,5).

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La normalidad de siempre

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 2 de octubre de 2022

Queridos fieles:

La frontera entre agosto y septiembre está caracterizada por dos palabras antagónicas pero con la misma carga de significado: fin y comienzo. Se acaba un periodo de descanso, el más extenso del año, extensísimo en el caso de los estudiantes, niños y jóvenes, y comienza todo un curso.

En los dos últimos años este arranque de curso ha sido extraño. Hemos avanzado con anormalidad o, en el mejor de los casos, con nuevas normalidades, que venían a significar normalidades cojas. Sin embargo este nuevo curso está revestido de la normalidad de siempre. Aunque cada uno tome las prevenciones que estime convenientes, ya no hay lugar para ausencias, falta de participación o destierro de compromisos.

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Tiempo de la Creación

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 18 de septiembre de 2022

Queridos fieles:

El Tiempo de la Creación es una época para renovar nuestra relación con el Creador y toda la creación a través de la celebración, la conversión y el compromiso de todos. Durante este tiempo, nos unimos, desde nuestra Iglesia diocesana de Mérida-Badajoz, a toda la Iglesia y a todos los hermanos y hermanas de la familia ecuménica en oración y acción por la casa común.

Este tiempo singular comenzó su andadura por iniciativa del patriarca Dimitrios I en 1989, señalando el día 1 de septiembre como día de oración por la creación y posteriormente los cristianos de todo el mundo a través del consejo Mundial de Iglesias (CMI) extendieron la celebración desde el 1 de septiembre al 4 de octubre. El papa Francisco hizo oficial la cálida bienvenida de la Iglesia Católica al tiempo de la Creación en 2015. Este tiempo comienza con una jornada de oración el 1 de septiembre y culmina el 4 de octubre, en la fiesta de san Francisco de Asís, el santo patrón de la ecología amado por muchas denominaciones cristianas. A lo largo de este mes somos 2.200 millones de cristianos del mundo los que nos unimos para orar juntos y tomar conciencia de la necesidad de cuidar de nuestra casa común.

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Aborto

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 11 de septiembre de 2022

Queridos fieles:

Os confieso que he recibido con dolor renovado la nueva propuesta de ley sobre el aborto en nuestro país. Entre otras cosas, esta ley permitirá abortar a partir de los 16 años, sin permiso de los padres y, por tanto –parece- que sin ni siquiera su conocimiento.

La nueva propuesta le ley presenta, además, el aborto como “un derecho”, dentro de lo que dan en llamar “derechos sexuales y reproductivos”; contempla el adoctrinamiento en los colegios sobre “estos derechos”; propone una lista para los médicos objetores de conciencia, limitando así ese derecho fundamental; elimina los tres días de reflexión, que estaban previstos en la anterior ley… y todo ello dentro de un “invierno demográfico” muy agudo.

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La fe

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 4 de septiembre de 2022

Queridos fieles:

Quisiera iniciar este nuevo curso de nuestra revista invitándoos a meditar sobre la fe. La Carta a los Hebreos define la fe como «garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve» (Hb 11,1). A continuación, nos presenta como ejemplos de fe a «nuestros mayores»: Abel, Henoc, Noé; sobre todo, nos presenta a Abraham y a Sara, a Isaac y Jacob, a Moisés, a Josué, a Gedeón (….), a David, a Samuel y los profetas. En la fe murieron todos ellos sin haber conseguido el objeto de la promesa. ¿Y cuál es la promesa? La promesa es nuestro Señor Jesucristo. En Él conocemos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados; cuál la riqueza de la gloria otorgada por Él en herencia a los santos (cf. Ef 1, 16-19).

Nuestra fe en Jesucristo no es un acto de conocimiento puramente natural; no es una conclusión meramente racional que se pueda deducir de premisas científicas, históricas, filosóficas… Nuestra fe no es ciertamente irracional, pero no es tampoco puramente racional; si fuera puramente racional estaría exclusivamente reservada a los inteligentes, a los “listos”, a los que estudian…

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Corpus Christi

Carta de Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Domingo, 19 de junio de 2022

Queridos fieles:

Celebramos este domingo la solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre del Señor. Ayer celebré la Eucaristía en una iglesia de nuestra Archidiócesis y el coro cantó admirablemente el Panis angelicus, ese canto tradicional eucarístico cuya letra dice que ese pan de los ángeles se ha hecho alimento de los hombres y nos invita a acercarnos a la comunión, a nosotros, que somos “siervos pobres y humildes”. La Eucaristía, en efecto, a la vez que perpetúa el sacrificio de la Cruz, es banquete pascual, banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor. La representación del sacrificio de la Cruz está orientada totalmente a la unión íntima de todos los fieles con Cristo por medio de la comunión. La comunión es recibir a Cristo mismo que se ofrece al Padre por nosotros.

La Iglesia dedica dos solemnidades a la Eucaristía: el Jueves Santo y el Corpus Christi. El Jueves Santo fijamos nuestra devoción en la Eucaristía como sacrificio orientado a la comunión. En cambio, en esta solemnidad del Corpus Christi, nuestra piedad se dirige más a la presencia eucarística de Cristo, que comienza en la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Durante la Santa Misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. Pero esa presencia verdadera, real, substancial del Señor en las especies eucarísticas no dura solamente mientras dura la Santa Misa. Como afirma la estupenda encíclica de san Pablo VI, Mysterium fidei: «La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración, que se debe al sacramento de la Eucaristía, no solamente durante la Misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión». Es lo que hacemos en esta solemnidad del Corpus Christi en todas nuestras parroquias.

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