Comunidades hospitalarias

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 21 de junio de 2020

Queridos hermanos:

Frente al individualismo atroz que caracteriza nuestras sociedades occidentales, los cristianos, siguiendo la tradición bíblica y el ejemplo de Jesús de Nazaret, hemos de promover una cultura de la hospitalidad.

Debemos esforzarnos, en primer lugar, para que cada una de nuestras comunidades y parroquias sean casa que acoge, “hospital de campaña”, lugar de sanación, espacio de fraternidad. La hospitalidad, la amistad y la sanación son signos de la presencia del Reino de Dios. Continuar leyendo “Comunidades hospitalarias”

La hospitalidad incondicional de Jesús de Nazaret

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 14 de junio de 2020

Queridos diocesanos:

Para aprender a ser nosotros hospitalarios y acogedores con todos, debemos mirar a Jesús de Nazaret, que recibe a todos los hombres y se deja recibir como su huésped. Un teólogo contemporáneo ha subrayado como característica fundamental de Jesús su “hospitalidad incondicional” (Ch.Theobald). Su manera de habitar el mundo, su estilo de vida está caracterizado siempre por la hospitalidad. Continuar leyendo “La hospitalidad incondicional de Jesús de Nazaret”

Con la fuerza del espíritu

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 31 de mayo de 2020

Queridos diocesanos:

El domingo pasado reflexionábamos sobre el mandato de Jesús a sus discípulos de ser sus testigos, una orden que también nos afecta a cada uno de nosotros. Pero hoy debemos añadir que una clave importante para que este mandato se pueda llevar a cabo es que Jesús, en su resurrección, ha regalado a sus discípulos el don del Espíritu Santo. No sólo les envió a predicar el Evangelio a toda la creación, sino que les dio la fuerza necesaria para llevar a cabo esta misión. Sin el Espíritu de Dios, confiando sólo en nuestras propias fuerzas, es una locura pretender anunciar el Evangelio. Sólo la presencia en nuestras almas del Espíritu de Jesús puede hacer que nuestro testimonio sea convincente y mueva a la conversión del corazón de las personas. Continuar leyendo “Con la fuerza del espíritu”

Vivir en el amor de Jesús

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 17 de mayo de 2020

Queridos diocesanos:

Ser cristiano no es otra cosa que vivir en el amor de Jesús, el que Él nos tiene y el que nosotros le mostramos. Ser seguidor Jesús, discípulo suyo, no consiste ante todo en cumplir unas normas o seguir un código ético, sino en ser amados y amar.

Lo primero es el amor que Él nos tiene. La experiencia fundante y radical, que nos mueve a seguirle es la de ser amados por Jesús. San Juan subraya con razón que “Él nos amó primero” (1 Jn 4, 19). Esto es lo que experimentaron Pedro, Juan y los demás discípulos: que el amor de Jesús hacia ellos era inmenso y que nada se podía comparar con aquel amor. Continuar leyendo “Vivir en el amor de Jesús”

Caminante, Camino y Patria

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 10 de mayo de 2020

Queridos diocesanos:

La Iglesia camina con Cristo, por medio de Cristo y en Cristo. Él es el Caminante, el Camino y la Patria. Un autor espiritual ruso del siglo XIV escribió: “Él es nuestro pie caminante y a un mismo tiempo el camino y además parador de descanso en el sendero y término de nuestro caminar peregrino” (Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, 1, 1).

Efectivamente, Jesús es el Caminante que guía a su pueblo, como el pastor a su rebaño, ofreciéndole fuentes de agua fresca (cf. Sal 22 y Jn 10). Él sale a nuestro encuentro, como hizo con los discípulos en Emaús, para revelarnos el sentido de las Escrituras y descubrirnos su presencia (cf. Lc 24, 13-35). Es ese peregrino anónimo que hace arder el corazón y se revela en la fracción del pan. Caminamos junto a Cristo, compañero y guía en nuestro peregrinar. Continuar leyendo “Caminante, Camino y Patria”

La Virgen de la alegría

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 3 de mayo de 2020

Queridos diocesanos:

Cuando comienza el mes de mayo, nuestra mirada se dirige casi espontáneamente a María, la madre de nuestro Señor. Mayo es también el mes que celebramos a nuestra patrona, la Virgen del MonteToro, aunque este año no podremos subir a su Santuario como solemos hacer cuando llega su fiesta, para agradecerle todo su amor y ternura materna, pero sí podemos invocarla y manifestarle nuestro amor desde lo más profundo de nuestro corazón.

El tiempo de Pascua que estamos viviendo nos convida a contemplar a María como mujer inundada por la alegría ante la noticia de que Jesús está vivo. En una oración de la Misa se dice que el Padre colmó de alegría el corazón de la Virgen premiando de esta manera su fe: “ella había concebido al Hijo creyendo y creyendo esperó su resurrección” (Prefacio Misa Virgen Pascua). María cruzó, desde luego, en soledad la noche del sábado y sufrió ante la muerte de su Hijo, pero mantuvo siempre la esperanza: “fuerte en la fe, contempló el día de la luz y de la vida”. Por eso, cuando aconteció la resurrección, su corazón quedó lleno de una alegría indescriptible, al reconocer que su Hijo, su Maestro, su Amado, estaba vivo.

Esta alegría de María no es superficial, sino honda y agradecida. Es una alegría del espíritu, que se mantiene, aun cuando las circunstancias sean adversas. Mirando a María aprendemos a discernir cuáles son los gozos auténticos, que llenan el corazón del hombre, y qué alegrías son superficiales y pasajeras, pues nunca acaban de saciarnos. La experiencia de confinamiento nos ayuda también a discernir qué valores son los que permanecen y duran para siempre. Nosotros no aspiramos a un consuelo temporal, sino a los gozos eternos, a ser felices para siempre. La fe en el Resucitado nos lleva, como a María, a desear las alegrías que no se acaban, a aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo (cf. Col 3, 1).

Esta alegría profunda del espíritu nos ayuda a afrontar las dificultades y esfuerzos con optimismo, con la certeza de que la soledad, el sufrimiento o el dolor no tienen la última palabra. Como tampoco la tienen la guerra, el odio, la injusticia ni esta pandemia que nos ha invadido. La última palabra la tiene la vida, el amor, la esperanza. Aun en medio del dolor por tanto sufrimiento y del luto por cada uno de los que nos han dejado, podemos unirnos a María y sentir su alegría porque Cristo vive y esto significa que ningún esfuerzo, ningún acto de amor y de entrega es en vano. La Pascua de Jesús nos dice que todo el bien que hagamos quedará para siempre, no se desvanece, sino que se proyecta hasta la eternidad.

conesa firma
✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Bajo tu amparo, Madre

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BAJO TU AMPARO, MADRE

Carta al pueblo de Dios al comenzar el mes de Mayo

Cuando comienza el mes de mayo, nuestra mirada se dirige casi espontáneamente a María, la madre de nuestro Señor. Mayo es también el mes que celebramos a nuestra patrona, la Virgen del Monte-Toro, aunque este año no podremos subir a su Santuario como solemos hacer cuando llega su fiesta. También para las gentes de Ciutadella Mayo es el mes en que la celebran con el precioso título de “Auxiliadora”.

Desde el comienzo de esta pandemia que estamos padeciendo, los cristianos hemos sentido la necesidad de invocar a la madre de Jesús, para que nos ayudara a vivir desde el Evangelio estos tiempos, que están resultando especialmente duros. Con este escrito pretendo animaros a vivir de la mano de María esta situación y a seguir invocándola con confianza. Aunque no podamos peregrinar hasta su Santuario como solemos hacer con nuestras parroquias o por nuestra cuenta, sí podemos mirarla e invocarla, con la confianza de que la madre de Jesús es también nuestra madre. Continuar leyendo “Bajo tu amparo, Madre”

Id a Galilea

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 26 de abril de 2020

Queridos diocesanos:

En el evangelio de Marcos, después de narrar que el sepulcro está vacío, se recogen estas palabras del ángel a las mujeres: “Él va por delante de vosotros a Galiea. Ahí lo veréis” (16, 7). Para encontrarse con el Resucitado hay que marchar a Galilea. Pero, ¿por qué a ese lugar? ¿qué significa Galilea? Porque allí fue el lugar donde empezó todo, donde aconteció la primera llamada y donde tuvo lugar la primera predicación.

La Pascua es tiempo de volver a Galilea, es decir, de descubrir nuestra vocación primera, la llamada que el Señor nos hizo al comienzo de nuestra vida para ser sus discípulos. Esta llamada nos alcanzó con el bautismo, que nos hizo cristianos, seguidores suyos. Pero –como explica el Papa- para cada cristiano hay, además del bautismo, una “Galilea existencial”, es decir, un momento en que se ha vivido el encuentro personal con el Señor, en el que se ha sentido de manera singular su llamada a seguirle y participar de su misión. Continuar leyendo “Id a Galilea”

Resucitaremos

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 19 de abril de 2020

Queridos diocesanos:

La certeza de la resurrección de Jesús abre nuestra vida a una gran esperanza. La muerte ya no es lo mismo después de que Jesús la venció. Antes la muerte era sólo muerte, separación de la tierra de los vivos, oscuridad y dolor; pero ahora la muerte es también vida. La resurrección de Jesús nos abre a la esperanza de que, cuando nosotros atravesemos el umbral de la muerte, encontraremos a aquel que es la Vida con mayúsculas. La liturgia no se cansa de repetir estos días: “muriendo destruyó nuestra muerte” (Prefacio I Pascua). Continuar leyendo “Resucitaremos”

Se sometió a la muerte

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 5 de abril de 2020

Queridos diocesanos:

En un antiguo himno cristiano, recogido por san Pablo en la carta a los Filipenses, se canta toda la gesta de la encarnación y se contempla la vida de Jesús como un acto de humillación, de kénosis, de aceptación obediente de la voluntad del Padre (2, 6-11). Leemos este texto cada año el domingo de Ramos y nos ayuda a introducirnos en los misterios que vamos a celebrar durante la Semana Santa. Jesucristo, que era Dios, renunció a su condición divina asumiendo nuestra frágil naturaleza humana, “se despojó de su rango” y vivió entre nosotros “como un hombre cualquiera”. El culmen de su kénosis fue la aceptación confiada de la muerte. “Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y muerte de cruz”. De esta manera –añade este himno- dio gloria al Padre, que lo ensalzó y “lo levantó sobre todo”. Continuar leyendo “Se sometió a la muerte”