Dostoievski

Carta de Mons. D. Joan Planellas Barnosell
Arzobispo de Tarragona y Primado

Domingo, 15 de mayo de 2022

Estimados y estimadas. Fiódor M. Dostoyevski (1821-1881), de quien acabamos de celebrar el bicentenario de su nacimiento, es uno de los mayores novelistas de todos los tiempos y un autor de referencia permanente. Sus obras reflejan las contradicciones y grandezas de la condición humana, que fueron también las suyas. Así lo pone de manifiesto Nikolái Strájov, biógrafo de Dostoyevski, para quien los personajes de sus novelas se le parecen tanto que les considera autojustificaciones y «demuestran que en un mismo individuo pueden coexistir la nobleza y todo tipo de bajeza». La esposa de Dostoyevski, Anna Grigorievna, para defenderle de los ataques de su biógrafo, escribió que Dostoyevski era un hombre «de una infinita bondad». Tal y como dice en la biografía sobre Dostoyevski (2012) el rumano Virgil Tanase, puede que ambos tengan razón.

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Somos un pueblo que canta aleluya

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 15 de mayo de 2022

El canto del aleluya atraviesa todo el tiempo pascual después del silencio cuaresmal, y sigue siempre vivo en las celebraciones cristianas. La noche de la Vigilia Pascual y durante toda la cincuentena, alabamos a Dios, sobre todo porque ha resucitado a Jesús de entre los muertos y le ha sentado a su derecha, en la gloria eterna. Lo alabamos por su Amor inmenso, por su misericordia que todo lo vence, ¡hasta la misma muerte! Ésta es la mayor maravilla: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular” (Sal 117,22). Cantar o proclamar “aleluya”, significa tener conciencia de que Jesucristo ha vencido el mal, que está Resucitado, y que nuestra fe es la victoria que vence al mundo.

En nuestras celebraciones litúrgicas hemos mantenido del judaísmo tres palabras muy usadas: amén, hosanna y aleluya. Aleluya (Halleluyah, del hebreo הַלְּלוּיָהּ), significa “¡Alabad a Dios!”, o también, “¡que Yahweh sea alabado!”, y es una exclamación bíblica de gozo, que el judaísmo y el cristianismo hemos adoptado para su uso litúrgico. En el Antiguo Testamento aparece en 21 ocasiones en el libro de los Salmos y 1 vez en Tobías 13,18. También la palabra «aleluya» la encontramos hasta en 4 ocasiones en el libro del Apocalipsis, en el contexto de la descripción que Juan hace de su visión sobre la liturgia celestial (cf. Ap 19,1-6).

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Deja tu huella, sé testigo

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 8 de mayo de 2022

Con este lema, “Deja tu huella, sé testigo”, los Delegados de Pastoral Vocacional de las Diócesis españolas y de las Congregaciones religiosas, así como de quienes trabajan por las Vocaciones misioneras, nos invitan a celebrar con interés y oración confiada la 59ª Jornada mundial de Oración por las Vocaciones, unida a la Jornada de las Vocaciones nativas. El lema se refiere a hacer camino en la vida “dejando huella”, con un objetivo discernido y acogido, ya que estamos celebrando un Año Santo, y tendrá lugar un Encuentro europeo de jóvenes el próximo verano en Compostela. Hagamos nuestro este lema. Necesitamos que los jóvenes se animen a hacer camino, a buscar objetivos grandes para sus vidas, con ideales que saquen del amodorramiento. Que acojan la llamada de Dios sin hacerse los sordos. Cada persona que viene al mundo trae en él una vocación, una misión. El Papa Francisco dice más: él es una misión. Por eso confiamos en la Virgen María, la que respondió con prontitud a la llamada del ángel y se ofreció a ser cooperadora de la voluntad y los designios de Dios.

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María, signo de consuelo y de firme esperanza

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 1 de mayo de 2022

Comienza el Mes de María que, en tantos lugares de nuestra geografía diocesana, nos invita a peregrinar a las ermitas y santuarios marianos donde, bajo tantas advocaciones, cantamos a María y le pedimos su intercesión y ayuda. La Virgen resucitada ya con su Hijo y Asunta al cielo nos envía a atender a nuestro prójimo, a salir al encuentro de los hermanos, para que la luz de la Pascua ilumine nuestra caridad. Ella nos ha acompañado en los duros tiempos de pandemia, de crisis económica y de guerra. Ahora María Santísima nos hace descubrir las nuevas necesidades. “No tienen vino”, le decía a su Hijo; y a todos, “Haced los que Él os diga” (Jn 2,1-11). Gracias Madre por tus palabras, por tu acompañamiento hacia la acción comprometida en el servicio.

Ante el enigma del dolor y del morir, de la guerra y de las cruces de tantos hermanos nuestros, anhelamos que María nos dé luz y esperanza. Ella estuvo firme, sola, esperanzada al pie de la Cruz del Señor. Sólo Jesús nos convence, porque con su muerte comprendemos qué es morir por amor. Vence el mal con el amor, y lo logra con su Cruz y su Resurrección. Y María siempre a su lado, como lo está de todos los que sufren. En medio de tantas tinieblas y pequeñeces, sufrimientos y dolor, el nuestro y sobre todo el de tantos inocentes, emerge María como “signo de consuelo y de firme esperanza”. Así lo canta el Prefacio IV de la Virgen: “Ella, como humilde sierva, escuchó tu palabra y la conservó en su corazón; admirablemente unida al misterio de la redención, perseveró con los apóstoles en la plegaria, mientras esperaban al Espíritu Santo, y ahora brilla en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza”.

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“Aspirad a los bienes de arriba…” (Col 3,2)

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 24 de abril de 2022

Cada año en el Día de Pascua resuena en la misa este texto de S. Pablo a los Colosenses: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col 3,1-2). No desprecia la creación sino que es una invitación esperanzada a vivir de otro modo, resucitados, desde arriba; no «mundanamente», o irresponsablemente hacia los hermanos. Nunca “indiferentes”, como reclama el Papa, sino que ya que somos hombres y mujeres, nada humano nos es ajeno (cf. Terencio y Unamuno).

Estamos celebrando la cincuentena pascual. Cristo Resucitado disipa los miedos y nos abre a una esperanza que comienza pero no termina en este mundo, sino que busca la eternidad. Estamos llamados a vivir una espiritualidad pascual, bautismal y sinodal. Las promesas bautismales que renovamos en la Vigilia pascual debe ser como un nuevo sí, obediente y humilde, a nuestro Señor y a su Esposa, la Iglesia santa. Ya hemos muerto y hemos resucitado sacramentalmente, hasta que ocurra realmente. Debemos buscar lo que nunca muere, y por eso queremos servir a todos, amando como Jesús, predicando el Evangelio, celebrando la Eucaristía que salva el mundo, ayudando a los pequeños y los pobres, acompañando a los hermanos que nos han sido dados en la gran familia que es la Iglesia.

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Hoy es Pascua de Resurrección

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 17 de abril de 2022

Hoy es la Pascua de Cristo resucitado.
Que nadie esté triste,
que a todos llegue la Paz del Señor con abundancia.
Cristo ha resucitado y se ha aparecido a los discípulos.
¡Está vivo y nosotros poseemos ya la vida eterna!

El sufrimiento, el dolor y la muerte han sido vencidos.
No son el destino inexorable de las relaciones humanas.
La pandemia y las guerras, el desencanto o el desánimo
ya no tienen la última palabra sobre nosotros.
El amor es posible, y el perdón, y la paz.
Resucitaremos y las cosas creadas serán recreadas.
¡Jesús nos asegura que Él todo lo hace nuevo!
Ésta es nuestra fe, es la fe de la Iglesia.

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Hosanna al Señor crucificado

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 10 de abril de 2022

Después de dos años de pandemia y sus consecuencias 
con tantos problemas sanitarios, económicos y sociales, 
y doloridos por la guerra tan violenta y destructiva, 
con millones de refugiados que nos rompen el corazón 
y que estamos acogiendo, solidariamente, 
hoy entramos en Jerusalén 
siguiendo al Señor que decididamente va a la Cruz 
¡»para que tengamos vida y vida en abundancia»! 

Los ramos de olivo y laurel, las palmas que agitamos, 
nos despertarán la inocencia necesaria 
para aclamar a Cristo que sube al Calvario, 
Dios vivo en la tierra, para sufrir la Cruz por toda la humanidad. 

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Oración y limosna van unidas

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 3 de abril de 2022

La Cuaresma reclama una mirada atenta y un compromiso siempre renovado hacia los más pobres y vulnerables. ¡Cuánto valor tiene la limosna hecha por amor! Ya el Miércoles de Ceniza escuchábamos el consejo de Jesús pidiendo que el discípulo rece, ayune y haga limosna, porque “tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará” (Mt 6,18). Si la Cuaresma es momento de descubrir la misericordia de Dios es para que también nosotros seamos más misericordiosos: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). La oración nos abre el corazón a Dios y la limosna nos la abre al hermano que nos necesita, y es evidente que no sólo necesita dinero o cosas materiales… La limosna, representa una manera palpable de ayudar a los pobres y , al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarnos del egoísmo propio y de la seducción de las riquezas, por no quedar enganchados a los bienes terrenales, que son “vanidad de vanidades” como dice el Qohélet (Eclo 1,2). Dando, nos hacemos más libres, nos liberamos, a la vez que ayudamos las causas más nobles y a las personas vulnerables que tenemos cerca.

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Oración por Ucrania

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 27 de marzo de 2022

Todos los cristianos de las diversas Iglesias y confesiones, mantenemos viva en estas últimas semanas la oración intensa por la paz en el mundo, y de forma especial por la paz en Ucrania. Debemos hacerlo: que cesen la guerra y la violencia y se puedan encontrar soluciones diplomáticas al conflicto. Apelamos al respeto de los principios del Derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y del Acta final de los Acuerdos de Helsinki, mientras exigimos que Ucrania pueda seguir siendo independiente, soberana y con integridad territorial en el interior de sus fronteras internacionalmente reconocidas. Que el pueblo ruso y el pueblo ucraniano puedan convivir con paz y mutuo respeto.

Las imágenes que hemos visto de la guerra de invasión rusa estremecen y nos llenan de dolor y de lágrimas. «Ante la barbarie de la matanza de niños, de personas inocentes y de civiles indefensos, no hay razones estratégicas que valgan: debe cesar la inaceptable agresión armada, antes de que se reduzcan las ciudades a cementerios», ha clamado el Papa Francisco. Vemos tanta muerte y destrucción, tantos refugiados, sobre todo niños… Se hace mayor la separación, el odio y la mentira entre estos dos pueblos hermanos, engendrados a la fe en Kyiv en el siglo X. Roguemos «al Señor que destruye las guerras» que conceda la paz justa y reparadora.

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Pidamos «sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino»

Carta de Mons. D. Joan-Enric Vives Sicilia
Arzobispo-Obispo de Urgel

Domingo, 20 de marzo de 2022

En la fiesta de S. José y en este domingo, todas las comunidades de la Diócesis dirigimos la mirada hacia el Seminario diocesano, y hacia todos los seminaristas del mundo, que se preparan para convertirse en servidores de una Iglesia sinodal, que sale al encuentro de los hombres y mujeres contemporáneos, para anunciarles el Evangelio, darles la vida de Cristo Resucitado, curar heridas, perdonar y reunir, servir a la paz y la justicia como signos del Reino de Dios que llega. Una vocación espléndida en el Pueblo de Dios que formamos todos los bautizados. ¡Qué hermosa es una vida según el Evangelio, en seguimiento de Cristo Sacerdote! Todos de alguna forma somos sacerdotes por el bautismo y la confirmación, sacerdotes que ofrecemos sacrificios de alabanza y de amor, nuestra propia vida, que es tan agradable a Dios. Pero al servicio de este sacerdocio «común» de todos los fieles, y dentro del pueblo, nunca separados ni por encima de él, están los servidores de todos, los «sacerdotes» que reciben la vida de los bautizados y lo ofrecen al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. Y que distribuyen la Eucaristía y los sacramentos, que predican la Palabra de Dios con palabras y con obras, acompañan, escuchan, reconcilian a los pecadores con la misericordia del Padre, y que conducen al pueblo desde el servicio a los últimos. Unas veces yendo delante de la comunidad, otras yendo detrás, empujando y acompañando a los más rezagados, y a veces en medio, aprendiendo el rumbo que el Espíritu marca al rebaño. Todos haciendo Iglesia, gozosos del don que Dios nos ha hecho al crearnos y al redimirnos por pura gracia, sin ningún mérito nuestro. Esto es lo que anuncian nuestros presbíteros, estando cerca y en medio de las parroquias e instituciones. Con debilidades, por supuesto, porque son hombres como todos, pero con un don muy grande que salva al mundo; ellos mismos son un don para la Iglesia y para el mundo.

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